Tarragona, España

Movimientos sociales y ecologistas se oponen a la construcción de una nueva terminal de cruceros en Tarragona

M.B.B. Stop creuers Tarragona - Veïnat pel decreixement turístic
Tarragona, Julio 2022

Tarragona, situada en la costa a 100 km al sur de Barcelona, tiene 132.000 habitantes. A poca distancia de la ciudad se halla el complejo petroquímico más  importante del sur de Europa. El crudo, procedente del puerto, alimenta la refinería que produce 20 millones de toneladas al año de materias primas para la fabricación de plásticos. A escasos quilómetros de las industrias de este complejo, se hallan centros turísticos importantes, como el parque temático Port Aventura y las playas y hoteles de Salou.

La ciudad de Tarragona en sí se ha visto relativamente preservada hasta ahora del turismo masivo. Las playas de la ciudad son frecuentadas por los propios tarraconenses todo el año y por el turismo, en gran parte doméstico, en la temporada estival. El casco antiguo, donde se concentran importantes monumentos de época romana y medieval, es un lugar tranquilo a pesar de ser un barrio popular, lleno de vida y de actividad comercial y cultural. Señalemos de paso que vive allí tradicionalmente una importante comunidad gitana.

Las playas de toda la región -conocida como Costa Dorada- están afectadas por fenómenos de regresión. Los temporales de otoño e invierno son más virulentos; los prados marinos de fanerógamas como la Posidonia, afectados por la actividad humana, han desaparecido; la construcción excesiva ha  afectado el sistema dunar y las dinámicas naturales de transporte de arena se ven interrumpidas por la presencia de espigones y puertos. Los ayuntamientos afectados intentan salvar la temporada turística, con escaso éxito, haciendo aportaciones artificiales de arena procedente de otras playas menos afectadas.

La apuesta del puerto de Tarragona por el tráfico de cruceros se inicia en 2012. Ese año la Autoridad portuaria fija cinco ejes de crecimiento: la proyección internacional, la diversificación de los tráficos, el impulso de las infraestructuras, la apuesta por los cruceros y la sostenibilidad (por este orden). En los siete primeros años (2013-2019) los pasajeros pasan de 1.394 en 2013 a 128.000 en 2019, [1]  o sea se multiplican por diez.

Dicha apuesta por los cruceros se desarrolla con el consenso de las instituciones del territorio, que constituyen la Taula Institucional de Creuers, en la que están representadas autoridades autonómicas y locales, varios ayuntamientos, la Cámara de comercio, así como la Federación de Hostelería y Turismo y, cómo no: Port Aventura.

Entretanto llega la pandemia y el tráfico de cruceros cae drásticamente. Sin embargo, el puerto sigue adelante con el proyecto de construcción de un muelle para cruceros (Moll de Balears, inaugurado en octubre de 2021), que permite acoger buques más grandes y el atraque de hasta cuatro naves simultáneamente. Asimismo, anuncia la construcción de una terminal, cuya entrada en funcionamiento se prevé para el verano de 2023, y adjudica su gestión a la empresa Global Ports Holding, que se incorpora a la Taula institucional.

Poco después de esta adjudicación, Global Ports Holding recibe una oferta de compra de la compañía MSC (Mediterranean Shipping Company). [2]

Volviendo a GPH, la compañía espera que las «restricciones» que está estudiando imponer el Ayuntamiento de Barcelona pueden suponer una «oportunidad» para Tarragona y que la proximidad tanto con el aeropuerto de Reus como el de Barcelona-El Prat potenciarán la llegada de los cruceros. Hablan de un «destino nuevo» lejos de las ciudades «típicas de toda la vida del Mediterráneo occidental». Se trata pues de ir a explotar otro territorio “virgen” ante el desgaste de la marca Barcelona. En definitiva, se pretende poner a Tarragona en el mapa y convertirla en una nueva marca del crucerismo. [3]

Ver convertido un barrio, unos vínculos, una historia y una cultura en una mercancía, un producto que vender, es algo que nos choca profundamente. No queremos vivir el proceso de saturación turística y de gentrificación del casco antiguo que sufre Barcelona. Los propios promotores del crucerismo en Tarragona son conscientes de este peligro: «No queremos que se produzcan las concentraciones que en otras ciudades del Mediterráneo acaban generando un efecto contrario al que se busca con la llegada de cruceristas», afirmaba el presidente del puerto. [4]

Estos buenos deseos chocan contra las pretensiones de crecimiento de GPH, quien proclama su objetivo de alcanzar los 250.000 cruceristas al año a medio plazo (entre «cinco y diez años»). [5] Esta cifra pone los pelos de punta cuando sabemos que duplica el número de habitantes de la ciudad. En una entrevista reciente, [6] el director regional de GPH repite hasta cuatro veces a modo de mantra que el número de cruceristas no es un problema, basta que “se regulen los flujos”, y como solución anuncia la creación de una aplicación para que todos los turistas no se dirijan en tropel a visitar los mismos sitios.

Otro aspecto muy preocupante es la contaminación que traen estas naves. Recurriendo a la vieja estrategia de desviar la atención, el director de GPH declara en la misma entrevista que «Hay otros muchos sectores que contaminan más que un crucero». Afirma, cómo no, que el sector “está apostando mucho por la sostenibilidad … en cuanto a los barcos de nueva construcción” y para los que ya estaban construidos “están modificando sus sistemas de propulsión para poder eliminar esos gases nocivos y convertirlos en vapor de agua”.

La frase “convertir gases nocivos en vapor de agua” me suena a magia; sospecho que podría tratarse del recurso a los scrubbers que filtran los gases y expulsan en el mar agua contaminada, o sea trasladan la contaminación atmosférica al medio marino. Menciona también los barcos “propulsados por gas natural licuado y los que pueden conectarse a la red eléctrica en el puerto para no emitir ninguna emisión”, lo que de nuevo equivale no a resolver sino a desplazar la contaminación y la huella de carbono a otros puntos de la cadena de suministro de energía.

La plataforma Stop Creuers está dando sus primeros pasos. Reúne a representantes de entidades ecologistas y cívicas y personas a título individual. El día 15 de mayo de 2022 se efectuó una primera manifestación en el puerto en ocasión de la llegada del crucero Costa Diadema. Aunque los manifestantes eran escasos y estaban lejos de la nave, la policía los identificó por ”poner en peligro la seguridad pública”, lo que nos ha llamado poderosamente la atención.

No nos oponemos a un turismo respetuoso con el medio ambiente. Pretendemos conocer y dar a conocer las consecuencias reales de la llegada de estos buques a Tarragona, más allá de los datos interesados aportados por los que se lucran con este negocio. No se ha estudiado el impacto económico real en el territorio y pensamos que la ciudadanía está lejos de sospechar lo que se le viene encima. Nos hemos librado hasta ahora de la saturación del crucerismo y del turismo masivo que tanto perjudican la vida cotidiana en Barcelona, especialmente en los barrios más cercanos al puerto, y pretendemos que siga así. Defendemos la calidad de vida en la ciudad y la calidad del aire y de las aguas, ya suficientemente amenazadas en Tarragona por la presencia del sector petroquímico.

Referencias:

[1]  Port de Tarragona (2021). Port de Tarragona inaugura el nou Moll de Balears 140.000 en lugar de 128.000 según GPH.

[2] Cruisenews.es (2022) Global Ports holding recibe una oferta de compra de parte de MSC 

[3] De hecho se ha creado se ha creado la marca Tarragona Cruise Port Costa Daurada que se promociona en la web

[4] Diaridetarragona.com (2022) Global Ports prevé alcanzar los 250000 cruceristas desde Tarragona a medio plazo 

[5] Diaridetarragona.com (2022) Global Ports prevé alcanzar los 250000 cruceristas desde Tarragona a medio plazo 

[6] Dirarideterragona.com (2022) Javier Rodriguez «hay muchos otros sectores que contaminan mas que cruceros»